30 ene. 2017

Necesitamos estímulos desesperadamente



Seguramente que con la poca duración de las baterías de los dispositivos que utilizamos hoy en día, en algún momento te hayas quedado sin poder usar tu móvil, tu kindle y, estando solo y sin nada que hacer, no te ha quedado otra opción que aburrirte.

Si te ha pasado en el tren o el metro, seguramente hayas aprovechado para mirar por la ventana, mirar a la gente de tu vagón, observar qué ropa llevan, montarte tus películas sobre sus vidas... En definitiva, tu cerebro se ha puesto a trabajar para buscar estímulos con los que poder seguir trabajando.

Y es que parece que nuestro cerebro necesita estímulos. Constantemente. Y según algunos estudios, más de lo que podríamos creer.

En un estudio publicado en la revista Science, tras el análisis de 11 experimentos, los investigadores descubrieron que la gente no disfrutaba cuando les obligaban a estar entre 6 y 15 minutos sin nada que hacer, y que en general, era más satisfactorio hacer alguna tarea, aunque fueran mundana a aburrirse. No obstante, y aquí viene la parte sorprendente, algunas personas preferían incluso recibir una descarga eléctrica a estar aburridos.

Una recreación de este último experimento, el de recibir descargas eléctricas, se realiza en el vídeo que os traigo hoy.

El experimento es sencillo: hay varias personas a las que se les enseñan una serie de objetos, siendo uno de ellos un pulsador, el cual dará una descarga eléctrica a aquel que lo pulse. En el vídeo se puede ver cómo el sujeto del experimento recibe una descarga eléctrica al pulsarlo por lo primera vez, por lo que sabe que le ocurrirá si lo presiona en el futuro. Además, antes de realizar el experimento se le pregunta si volvería a pulsar el botón, a lo que el participante responde claramente que no, porque no quiere recibir una descarga de nuevo.

El siguiente paso del experimento es llevar al individuo a otra sala. En esta sala no hay prácticamente nada: una silla y una mesa con el mismo pulsador que antes. Al individuo se le dice que espere sin hacer nada y que cuando termine el experimento, será avisado. 

Lo sorprendente no es que el sujeto pulse el botón, a pesar de que dijo que no lo volvería a pulsar, si no que lo hace al menos dos veces durante el experimento. La primera vez se podría atribuir a una mera curiosidad: ¿Seguirá dando calambre? ¿Será el mismo pulsador? Sin embargo, la segunda vez ya sabe que le va a doler y va a recibir una descarga, pero su cerebro prefiere recibir ese estímulo a seguir sin recibir nada.

Parece que nuestro cerebro necesita estímulos, aunque sean dolorosos.

La última parte de este vídeo es también interesante, pues Michael, el presentador, decide pasar 72 horas en una cámara aislada: sin referencias temporales, siempre con la misma iluminación, y con comida y bebida suficiente como para no tener contacto humano. Los resultados son muy interesantes: a pesar de pasar la primera parte buscando entretenimiento a base de contar los pasos dados en la habitación o haciendo ejercicio, de alguna manera su cerebro termina por no saber diferenciar entre sueños y realidad, dificultandole en gran medida mantener la cordura.

Os recomiendo mucho que lo veáis. El primer experimento empieza en el minuto 2:20 y el último en el minuto 14.




Espero que te haya gustado la entrada.

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